EL HABITÁCULO DEL SOÑADOR

El pasado no se olvida

INTRODUCCIÓN

En la calle de los Tejaos en el año 1912, como todas las tardes de verano, Peter, Tomás y Juan jugaban al fútbol hasta la anochecer, sin embargo esta sería la última tarde y la que no olvidarían nunca. Peter tenía 14 años, era inglés y su padre le había traído de Inglaterra a vivir en una mansión perteneciente a la familia desde hacia dos siglos. Tomás y Juan eran hermanos y tenía 15 y 13 años respectivamente. Ambos eran hijos de un banquero español y vivían en el mismo barrio que Peter del que se habían hecho muy amigos.

– Dale fuerte al balón, Juan, que llega con poca fuerza.-dijo Peter, y Juan siguiéndole el juego le pegó tan fuerte que calló en el patio de una casa que estaba deshabitada.

– Andas que la has hecho buena.-Peter rió entre dientes-. Yo no voy a ir a por el. Esa casa me da escalofríos.-miró a los dos muchachos pensativos-.

– Entraré yo.-se ofreció Tomás-. Saltaré el muro y os lanzaré el balón.

Sin embargo, la casa no estaba totalmente deshabitada. En su interior se encontraba escondidos tres atracadores contando el motín del último golpe. Cuando oyeron a Tomás saltar al patio creyeron que era la policía que los había descubierto y emprendieron su huída hacia la puerta de atrás donde tenían el coche aparcado. Cuando salieron para fuera se cruzaron con Juan al que tomaron como rehén y se lo llevaron en el coche. Peter, quién había visto todo lo sucedido no pudo hacer nada por evitar los sucesos y asustado se largó corriendo a casa olvidando a Tomás que estaba todavía en le patio. Cuando Tomás salió y vio que no estaban ni Juan ni Peter pensó que lo habían dejado tirado, y enfadado volvió a su casa. Cuando llegó vio el coche de policía enfrente de su casa. Cuando entró se enteró de todo lo sucedido. Su hermano había sido raptado por unos atracadores, que durante la huída en coche habían tenido un accidente mortal acabando con la vida de sus ocupantes. La policía había sido avisada del rapto por el padre de Peter, sin embargo fue demasiado tarde para todos. Desde aquel día, Tomás no fue el mismo muchacho de siempre. Estaba lleno de rencor y odio hacia Peter. No le perdonó nunca que hubiera dejado que entrara su hermano en aquel coche además de su tardía denuncia. Peter volvió a Inglaterra. Sin embargo regresaría de nuevo para hacerse cargo de la mansión.

I. EL VIAJERO

Jaime sale de una agencia de viajes por recado de su Jefe, que le mandó comprar un billete, ya que había decidido tomarse unas vacaciones. Era un muchacho de unos 19 años bastante delgado para su edad. Estaba trabajando como chico de los recados en un banco perteneciente a dos hermanos por parte de padre. El mayor se llamaba Aurelio y el menor se llamaba Otto. Aurelio tenía unos 29 años, era de piel morena ya que su madre era latinoamericana, aunque había heredado la robustez de su padre Juan. Por otro lado Otto tenía el pelo rubio de su madre, que era alemana, pero con la misma robustez que su hermano, y disfrutaba de sus 24 años recién cumplidos. Corría el año 1952, era un miércoles por la mañana y la primavera comenzaba hacerse notar con el buen tiempo que hacía en los últimos días. Cuando Jaime llega a la oficina toca la puerta del despacho. Toc, toc.

Puede pasar. Estaba recogiendo mis cosas y ordenando un poco este desorden. Los informes los he dejado en aquel archivador de la estantería. Que raro que no halla llegado Aurelio todavía a despedirse de mí, supongo que le habrá pillado el tráfico con la hora punta.- Miró a su alrededor y se quedó contemplando lo que había sido hasta entonces su despacho. Era muy espacioso, aunque más que un despacho parecía una sala de estar. Además de una mesa bastante grande situada en un rincón de la sala y de cuatro archivadores colocados detrás del sillón, donde Aurelio se pasaba largas horas buscando alguna idea brillante para sus proyectos financieros mientras que Otto pasaba a máquina los informes de los préstamos, había dos sofás colocados en L alrededor de una vieja televisión de madera de cedro en la otra mitad de la sala-. ¿Has conseguido el billete?

Sí, pero jefe, ¿Estás seguro de que quieres marcharte? Creo que has tomado una decisión muy precipitada. La gente pensará que estás huyendo. Aún puedes cancelar el billete de avión.

Estoy muy seguro, y no me preocupa lo que la gente piense o deje de pensar. Mira, acaba de llegar el coche de mi hermano. Tira rápido a por una taza de café que seguro que no habrá desayunado nada y de paso avísame un taxi. No cierres la puerta.-Jaime salió para fuera y se cruzó con Aurelio-. Buenos días Jefe.

Buenos días Jaime, hola Otto. Veo que es verdad que al final nos dejas. A Papa no le va hacer ni chispa de gracia que te vayas con todo este jaleo de los Parkinsons. Deberías quedarte a echarnos una mano. Papa está ahora en la mansión de los Parkinsons para ver si sueltan la pasta de una vez. Todavía no me has dicho el motivo de tu viaje. ¿Se puede saber que es lo que te ocurre?

No me ocurre nada.- Otto comenzó a hablar en un tono serio y despacio-. Solo que estoy cansado de este lugar, ¿me entiendes? Necesito cambiar de ambiente. Ya sabes que este trabajo lo odio y que si sigo aquí es por papa y por ti, sin embargo lo dejo. He decidido irme a Holanda a ver que tal me van las cosas allí. No aguanto más, y de verdad que siento mucho tener que dejaros y más ahora con el problema que tenéis con Peter Parkinsons.-cogió el billete que trajo Jaime, una caja donde guardo sus cosas y se dirigió a la puerta-. Papa no le perdonará la deuda a Peter, sabes que la casa se la embargará al final, se han odiado desde siempre. Es su lucha no la mía.

¿Quieres que te lleve al aeropuerto?-en ese momento entraba Jaime con la taza de café y se la entregó a Aurelio-.

No te preocupes, he mandado a Jaime que llamara un taxi y por lo que veo ya está en la puerta esperándome. Cuídate hermano. Adiós Jaime.

II. LA DISPUTA

En ese mismo momento en la mansión de los Parkinsons se disputaban una fuerte discusión entre Mister Peter y don Tomás.

Tu plazo ha espirado hace dos semanas. No tengo más remedio que embargarte la mansión.

Nunca te quedarás la casa, ¿me oyes? Ha pertenecido a mi familia durante cuatro generaciones y yo no voy a ser el que termine con el legado de mi abuelo. Solo necesito tres semanas más para reunir el dinero. Dame tiempo.

No puedo darte más tiempo, no soy la hermanita de la caridad. Ha venido conmigo la policía para ayudarte ha hacer las maletas. Espero que no formes un espectáculo.

Estas haciendo esto por venganza. Éramos unos críos, yo no tuve la culpa de que tu hermano subiera aquel coche hace 40 años. Siempre me has culpado a mí cuando solo tenía 12 años. Esto te lo estas tomando como algo personal, Tomás.

No tengo tiempo para hablar del pasado. Ojalá hubieras sido tu el que hubiera subido a aquel maldito coche. Y si, tú fuiste el culpable de lo que pasó. Si yo hubiera estado allí lo hubiera evitado.-miró a su alrededor con una mueca de triunfo y se dirigió de nuevo a Peter Parkinsons-. Esta casa es mía así que haz tus maletas y esfúmate.- ordenó a los policías entrar a la vez que Peter sacó una pistola que guardaba en la parte de atrás de su pantalón y apuntó a don Tomás-.

Saldrás de esta casa muerto, me oyes, mis días están contados pero los tuyos también, ladrón.-bang, bang, resonaron dos disparos por toda la casa produciendo un sonido ensordecedor y escalofriante a la vez que Peter se desplomaba en el suelo diciendo sus últimas palabras de arrepentimiento con el poco aire que le quedaba en los pulmones-. Fue un accidente, era mi mejor amigo….

III. LA CARTA

Cinco años después llega una carta desde España dirigida a Otto que se encuentra en su piso situado en la zona sureste de Holanda. Era un piso pequeño, de unos 120 metros cuadrados con dos cuartos de baño, una cocina, un salón, un despacho, dos habitaciones y un cuarto donde guardaban los trastos. En cuanto llegó hace cinco años comenzó a trabajar en un periódico perteneciente a un respetable noble llamado Mister Croquet. Este tenía una hija llamada Georgia, de la que se había enamorado Otto, y comenzaron a salir hasta que se casaron dos años después.

Como todas las mañanas, tan solo levantarse, Georgia se dirigía al buzón del vestíbulo a recoger la correspondencia y el periódico diario. A la vuelta saludó a su vecina Matilde que esa mañana estaba fregando el suelo de su puerta porque un yonki que se coló la noche de antes había realizado sus necesidades en su puerta. Cuando Georgia entró en casa se encontró a su marido Otto sentado en la cocina viendo las noticias que transmitía en la tele.

¿Hoy si que te has levantado pronto, cariño? ¿Has pasado otra noche mala?-dijo Otto-.

Si, Otto, y la misma pesadilla de siempre. Es que no paro de soñar con esa casa. Creo que me estoy volviendo loca. Y es que me pasa lo mismo de siempre, estoy en una sala-biblioteca y aparece un señor de edad media que me indica un candelabro que se encuentra en la pared. Yo me dirijo al objeto y le doy la vuelta accionando un mecanismo que mueve unas de las estanterías mostrándome unas escaleras que conducen a un pasillo subterráneo. Comienzo a correr por ese pasillo hasta que me encuentro con una puerta grandísima con una plaquita brillante cerca del pomo. Entonces cuando intentó leer esa plaquita la puerta se abre de golpe y una extraña luz cegadora me deslumbra y es cuando me despierto.- dirigió una cansada y pensativa mirada a su marido-. ¿Tú sabes que significa?

No lo se nena, me asustas con tus sueños. Creo que te has obsesionado tanto con ese sueño que no paras de reproducirlo. ¿Sabes que es lo que te pasa a ti?, que estas alta de este piso y que hechas de menos el lujoso castillo de tu padre y por eso tienes esos sueños.

¡Y que tontico que eres!-se sienta en el regazo de Otto y lo abraza-. Soy muy feliz al lado tuyo y lo sabes. Si no me hubiera quedado con mi padre. Aunque no niego que este piso no me hace mucha gracia.

Bueno cambiemos de tema, dame el periódico y hacemos juntos el crucigrama de hoy. ¿Había alguna carta?

Esta mañana el cartero solo ha dejado estas tres.-Georgia las pasa cuando se detiene en la última quedándose sorprendida por su origen-. Mira esta, es de tu hermano Aurelio.- Otto se la quita de las manos a la vez que se levanta apartando cariñosamente a Georgia y se apoya en la mesa. Abre el sobre y saca una hoja con una letra escrita con mucha rapidez por los leves trazados impresos en ella-.

Papa ha muerto, hace tres días.-Georgia se levanta y se acerca a Otto abrazándolo mostrando su dolor por la pérdida de su marido-. Dice que me deja la mansión de los Parkinsons y el 42% de las acciones del banco. Sabes, cuando vine aquí no me despedí de él.

Si quieres vamos a España.

Que te parece si mañana mismo nos ponemos en marcha.-Miro a su mujer a los ojos y le dedicó una sonrisa-.En la mansión de los Parkinsons te sentirás en casa aunque no se parezca al castillo de tu padre.-su mujer asintió con la cabeza frunciendo el entrecejo por la indirecta-.Voy a llamar al aeropuerto a reservar los billetes.-le dio un beso en la mejilla y se dirigió a la salita-.

IV. EL REGRESO

Era un verano caluroso, hacía semanas que no llovía, y la vegetación comenzaba a resentirse volviéndose amarillenta. Otto y su mujer se reunieron con Aurelio en la oficina, donde los estaba esperando.

Así que tú eres Georgia.-hablaba Aurelio-. Sabes escoger hermano, tienes una mujer preciosa.-Georgia era realmente preciosa, tenía una larga melena rubia, ojos azules claros y una figura muy esbelta cuya vestimenta ajustada mostraba a las atentas miradas. Pertenecía a la antigua nobleza, su padre Mister Croquet poseía el título de Conde, además su madre era prima hermana de la princesa de Finlandia-.¿Has visto ya la mansión de los Parkinsons? Si quieres os llevo.

De acuerdo, hermano. Voy a por las maletas, que me las he dejado al lado de la mesa de Jaime.-de chico de los recados Jaime había pasado a ser el secretario personal de Aurelio durante la instancia de Otto en Holanda -.

V. LA MANSIÓN PARKINSONS

Tu hermano Aurelio ha sido muy amable al avernos traído. Es grandísima esta mansión.-la mansión de los Parkinsons ocupaba 6 hectáreas de terreno además de otras 14 que las rodeaba. Tenía unos 220 años por lo que sus muebles eran muy antiguos y en las paredes se observaban numerosos cuadros de miembros de la familia Parkinsons. Los Parkinsons habían sido una de las familias más poderosas durante el siglo XIX gracias a su comercio de especias con la India que llegaron a amasar una gran fortuna. Sin embargo, durante la guerra civil española el padre de Peter se endeudó debido a su apoyo a la República lo que le ocasionó hasta el encarcelamiento donde murió. Solo les quedaban la mansión cuando pasó a Peter, que este la hipotecó para levantar una fábrica industrial de acero, sin embargo terminó en la quiebra, por lo que perdió su casa y pasó a pertenecer a Tomás que era el dueño del banco.

– ¿Te gusta?, podríamos vivir aquí durante un tiempo. Trabajaría en el banco y tu podrías ordenar a las sirvientas a realizar las tareas hogareñas.-miró a Georgia que esta le devolvió la mirada a la vez que sonreía dándole un abrazo a su marido-.

– Es tarde, vámonos a la cama y ya mañana exploramos la mansión.-Otto la cogió en brazos, la besó apasionadamente y cerró la puerta de la habitación….

VI. LA BÚSQUEDA DE UN SUEÑO

Georgia se encontraba en una biblioteca circular con unas estanterías extensas frente a un anciano que le indicaba un candelabro. Ella le daba la vuelta y se abría una estantería mostrando un pasillo. Ella empezó a correr y a correr y se encontró una robusta puerta de un acero indestructible. Esta puerta tenía una placa cerca del pomo.-Laboratorio Parkinsons-. Giraba el pomo y se abría la puerta dejando salir una luz cegadora…

Despierta Georgia, despierta.-Georgia se despertó abrazada a su marido quién la estaba agitando-. ¿Otra vez esa maldita pesadilla? Estabas sollozando y gritando no se qué de una laboratorio.

Oh, Otto, estaba a punto de ver lo que había detrás de es puerta. He conseguido leer la placa, ponía laboratorio Parkinsons. ¿Sabes si hay alguna biblioteca en esta casa?-Otto asustado miró a Georgia-.

Estas durmiendo aún. Creo que estas mezclando la realidad con ese estúpido sueño.-Georgia le empujó tirándolo fuera de la cama y se levantó también dirigiéndose a la puerta gritándole-.

Con que tengo sueños estúpidos ¿no?, pues pienso buscar esa biblioteca y descubrir lo que hay en ese laboratorio contigo o sin ti.-salió del cuarto dando un portazo, al cabo de un rato se escuchó un grito y Otto acudió a ver lo que sucedía-.

Se encontró a su mujer horrorizada en el salón contemplando un cuadro del antiguo propietario de la mansión, Peter Parkinsons. El cuadro estaba situado sobre una chimenea de piedra con unos colores muy llamativos. Sin embargo, Georgia no lo había visto el día de antes.

¿Y ahora que te pasa? ¿Por qué gritas?-Otto la miró confundido y algo tenso por la discusión de antes-.

El hombre de ese cuadro…-.Georgia iba a decir que era el mismo que salía en su sueño, sin embargo decidió no revelárselo porque pensaba que iba a tomárselo en broma o la iba a tomar por loca-. ¿Quién es el hombre de ese cuadro, Otto?

Es el antiguo propietario, Peter Parkinsons.-Otto no le había contado hasta la fecha la triste historia que ocurrió 45 años antes. Por lo que le contó a Georgia lo ocurrió a su tío Juan cuando Peter y Tomás eran pequeños y lo de que la casa había sido embargado por su padre a Peter.

Desde que su marido se fue para el banco y le contase aquel trágico suceso pasado, Georgia tenía más motivos por los que buscar aquella biblioteca. Al cabo de media hora de mirar una por una todas las habitaciones la encontró. No se lo podía creer, era igual que en su sueño, excepto la presencia de Mister Peter. Con paso decidido se dirigió al candelabro y le dio la vuelta tal como lo hizo en el sueño. Se oyó un chasquido acompañado por el ruido de un mecanismo que tenía unas de las estanterías que se apartó y dejó a descubierto unas escaleras que daban a un túnel subterráneo. Rápidamente fue en busca de una linterna, y se encaminó por el túnel hasta que llegó a la puerta. Al igual que la biblioteca, la puerta era la misma del sueño con la placa al lado de un oxidado pomo.-Laboratorio Parkinsons-. Sujetó el pomo y lo giró, la puerta se abrió. Estaba lleno de todo tipo de artefactos misteriosos, y algunos estaban en funcionamiento. Se detuvo ante uno que tenía forma triangular y que lanzaba vapor por los vértices de color verde cada cinco segundos. Tenía una etiqueta en la que ponía Vaporum Perpetum. Se fijó en un libro que había en la esquina de la mesa. Era un diario.

VII. EL ARREMPENTIMIENTO DE UN HOMBRE

En cuanto Otto llegó a la mansión, Georgia le enseñó el laboratorio y el diario que encontró. Otto no se lo podía creer. Era imposible que el sueño fuera una realidad cuando ni tan siquiera ella había estado en esa casa de antes de su llegada.

El diario contaba el trágico suceso ocurrido en el pasado. En realidad era como una especie de carta de arrepentimiento dirigida a don Tomás sobre lo que ocurrió con su hermano. Además contenía un testamento en el que la mansión, en caso de muerte del propietario, pasaba a ser de los hijos de don Tomás.

Otto, asombrado por aquel documento pidió disculpas a Georgia por no haberla tomado en serio desde el principio, y haberla ayudado a buscar ese laboratorio.

Que ironía, al final la mansión iba a ser mía sin que papa hubiera tenido que embargársela a este pobre hombre.-Miró a Georgia-. Este hombre era inocente. No tuvo la culpa de lo que pasó. Espero que ahora pueda descansar en paz.

Espero que yo también, y que pueda dormir sin esos extraños sueños ahora que todo está solucionado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Han pasado por aqui

  • 25,657 aventureros/as
Blogalaxia hit counter
A %d blogueros les gusta esto: